Homenajes a José Luis Martínez y a RIUS en la Fiesta del Libro y la Rosa 2018

Sábado, 21 Abril 2018 14:01

 

 

• Orso Arreola, Rodrigo Martínez y Joaquín Díez-Canedo recordaron al curador de las letras mexicanas, a cien años de su nacimiento, en una mesa donde compartieron anécdotas y experiencias de sus facetas como crítico literario, editor, académico y amigo

• El cineasta Armando Casas y el novelista Bernardo Fernández (BEF) recordaron la obra y legado de Eduardo del Río, RIUS que ha contribuido a la formación política de los mexicanos de forma innegable

• Mañana la escritora puertorriqueña Mayra Santos-Febres ofrecerá la conferencia “Muros dentro y fuera” a las 11 horas en el Foro Fuente; se rendirá homenaje a la poeta Guadalupe "Pita" Amor a las 16 horas en el Foro Fuente; y se presenta el espectáculo Arreola por Arreola. Bestias y prodigios, basado en el Bestiario de Juan José Arreola a las 20 horas en el Foro de la Espiga

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El escritor Orso Arreola, el editor Joaquín Díez-Canedo Flores y Rodrigo Martínez, hijo del editor, bibliógrafo, ensayista e historiador José Luis Martínez, recordaron al curador de las letras mexicanas, a 100 años de su nacimiento, dentro de las actividades de la Fiesta del Libro y la Rosa 2018.

Los hijos de “Los tres amigos”, Juan José Arreola, Joaquín Díez-Canedo Manteca y José Luis Martínez, entretejieron las personalidades de sus padres a través de anécdotas y experiencias que dejaron entrever las distintas facetas del editor mexicano.

La amistad con Juan José Arreola marcó la vida de José Luis Martínez, ambos se conocieron desde niños en una escuela para monjas en Ciudad Guzmán, Jalisco donde era permitida la entrada a algunos varones, y se les inculcó el gusto por la literatura y la magia de grandes autores como Víctor Hugo, Stendhal y Edgar Allan Poe. Posteriormente, en el Colegio Renacimiento, los astutos niños crearon el “culto a la babucha”, un palo de dos metros de largo.

Arreola y Martínez se separan a los 6 años; mientras el joven José Luis Martínez se muda a la Ciudad de México, se convierte en crítico literario y se reencuentra con Arreola en 1945, cuando lee uno de sus primeros cuentos que se publica en la revista Letras de México que dirigía Octavio G. Barrera.

“Cuando mi padre (Juan José Arreola) va a París a estudiar teatro, la embajada de Francia le solicita unas cartas de presentación; José Luis generosamente le da la carta a través de amigos comunes de Guadalajara, se encuentran y además le presenta a Alfonso Reyes”, compartió Orso Arreola.

José Luis Martínez conoce a Joaquín Díez-Canedo Manteca por su padre Enrique Díez-Canedo, “José Luis sabía por boca de mi abuelo que mi padre estaba en Valencia en medio de la guerra. Tenía una relación cercana con mi abuelo a quien le dedicó una carta y donde cuenta cómo lo conoció”, compartió el editor.

“Lo conocí desde el principio y poco a poco me fui entregando primero a la amistad del maestro y luego a la cordialidad del hombre. Por aquellos años, 1940 mis compañeros y yo iniciamos la publicación de Tierra nueva con cuyo pretexto frecuentamos su casa. Comenzaba a formar de nuevo ese clima que él tanto necesitaba, su biblioteca, y entre los libros recién comprados, entre aquellos amigos que iba reconquistando, nos sentábamos…Había llegado a saber nuestra historia y nuestra literatura como el más erudito mexicano”, escribió José Luis Martínez sobre Enrique Díez-Canedo en Letras de América.

En el texto se vislumbra la posterior incorporación de Joaquín Díez-Canedo Manteca a la Generación del 18 a la cual también pertenecen escritores como Alí Chumacero y Jorge González Durán, aseguró Joaquín Díez-Canedo.

Rodrigo Martínez recordó la fundación de la revista Tierra nueva, fundada por Alí Chumacero, Leopoldo Zea, José Luis Martínez y Jorge González Durán, una época donde todos querían ser poetas y ensayistas.

“Mi padre era poeta en esa época hasta que se dejó fascinar por la poesía de Octavio Paz y la de Alí Chumacero y dijo “no sirvo para esto ni para el cuento”, así es como se volvió ensayista y crítico literario”, compartió Rodrigo Martínez.

Otro de los aspectos que destacaron de José Luis Martínez fue su faceta de editor al frente del Fondo de Cultura Económica donde recoge la producción importante de revistas literarias de la década de los 30 y 40.

Como académico, José Luis Martínez daba clases en la Facultad de Filosofía y Letras, en el Colegio de México, en la Universidad de México fundó la Cátedra de Literatura Mexicana y en 1943 Jaime Torres Bodet, al frente de la Secretaria de Educación Pública lo nombra su secretario particular, recordó su hijo.

Por último, el escritor Orso Arreola recordó la última entrevista que hizo a José Luis Martínez y dijo que hay que rescatar el trabajo del editor dentro de las instituciones educativas y culturales del país que es enorme.

Homenaje a RIUS

El historietista gráfico y novelista Bernardo Fernández (BEF) y el cineasta, Armando Casas, hablaron extensamente de las obras, virtudes y legado del caricaturista Eduardo del Río (Rius), durante el homenaje dentro de la Fiesta del Libro y la Rosa 2018. 

Fue una charla amena cargada de innumerables anécdotas del  reconocido monero, autor de más de 130  libros. Previamente se proyectó un fragmento del documental Rius para principiantes, realizado por Armando Casas y producido por TV UNAM, material que puede consultarse íntegramente en YouTube. 

El cineasta comentó que Rius fue un creador muy influyente en muchas generaciones, y que dio la pauta a muchos jóvenes para expresar su inconformidad y desarrollar su pensamiento crítico.

“Hay obras del mítico Rius como Marx para principiantes y La trukulenta historia del kapitalismo que aún en las escuelas de bachillerato se siguen usando como libros de texto. Su legado en la formación política de los mexicanos es innegable. Su trabajo permeó en una sociedad deseosa por  aprender con monitos”, señaló.   

“A  Rius se le puede  considerar como el padre de una inteligente  generación de caricaturistas como Hernández, Helguera, El Fisgón y Rocha, entre otros”, aseveró el director del único documental que aborda la vida del revolucionario del cómic, autor de Los Supermachos y Los Agachados, con personajes tan entrañables como Calzontzin, el presidente municipal Don Perpetuo del Rosal, Doña Eme miembro de la congregación religiosa de “la vela perpetua”, y los policías El lechuzo y Arsenio. 

En su turno Bef reconoció que él mismo no hubiera seguido el camino de la historieta, a no ser por el trabajo de Rius que lo impactó favorablemente y le dio aliento para buscar su propio estilo. De acuerdo a Bef, Rius fue un educador no formal del pueblo mexicano. Sus revistas fueron semilleros de otros caricaturistas.

“Sin duda fue un gran divulgador y muy generoso con compartir lo que él sabía. Su aparente trazo sencillo en el dibujo es en realidad complejo. Queda mucho por aprender del gran maestro”, anota autor de la novela policiaca Tiempo de alacranes, ganadora del premio Una vuelta de tuerca. 

La plática de Casas y Bef  atrajo nuevamente la atención de nuevos y viejos lectores del gran maestro de la caricatura mexicana, quien falleciera recientemente a los 83 años de edad, conservando hasta el final de sus días su ateísmo e irreverencia a todo a lo que huela a recalcitrante oficialismo.

Destacadas presentaciones

Jorge Ibargüengoitia es humor, es ironía. En sus obras, el dramaturgo y novelista siempre utilizó esa fórmula mágica para realizar críticas agudas sobre las pretensiones, la grandilocuencia y la doble moral de los políticos de su época y el México que le tocó vivir entre 1928 y 1983.

Así lo describieron los escritores Enrique Serna y Ana García Bergua, dos “ibargüeigointianos” que citaron algunas de las obras y vivencias del también cronista de Guanajuato en el homenaje por sus 90 años de nacimiento, celebrado en el marco de la Fiesta del Libro y la Rosa 2018.

“(Ibargüengoitia) es un escritor que llega a mostrarnos el sinsentido de la existencia, a recrear mundos donde el absurdo predomina (…) Es un cultivador del sentido común. Utiliza el sentido común como piedra de toque para demostrar la ridiculez humana”, destacó Serna.

Los relámpagos de agosto, Estas ruinas que vesLas Muertas, Dos crímenes y Los pasos de López, fueron algunas de las obras citadas por los escritores para destacar la fina prosa con la que Ibargüengoitia se sumergía en lo cotidiano y exhibía la farsa de forma despiadada. Una clara influencia de su flema británica, promovida por su maestro Rodolfo Usigli, señalaron.

“Leerlo sigue siendo un gran antídoto contra esta putrefacción que desgraciadamente a veces sentimos que va a llegar a un extremo en que hace irrespirable la atmósfera de nuestro país”, concluyó Serna.

 

El ex rector de la UNAM Juan Ramón de la Fuente, presentó su libro La sociedad dolida. El malestar ciudadano, editado por Grijalbo y con prólogo de Elena Poniatowska.

Durante la presentación De la Fuente compartió que entiende a la sociedad mexicana como un cuerpo integrado por órganos y que tienen entre sí una relación jerárquica. Por ello el libro explica cómo es que ese cuerpo se encuentra enfermo. Nos enlista y describe los elementos tóxicos que han entrado al cuerpo para desequilibrarlo: corrupción, desigualdad, populismo, demagogia, indolencia e ignorancia.  

“El libro además de ser un diagnóstico sustentado y de tener una narrativa ágil, pero morosa cuando hace falta enfatizar algún aspecto, también es esperanzador porque habla de posibles curas”, aseguró De la Fuente.

Con presencia del prologuista y el autor del libro Yo estuve en Avándaro, Luis de Llano y Federico Rubli, respectivamente, se presentó el libro que también cuenta con fotografías de Graciela Iturbide y narra los acontecimientos producidos en el Festival Avándaro y todo lo que resultó a raíz de su inesperado éxito: el festival rompió todo esquema pues aunque esperaba una asistencia de 6000 jóvenes, hubo una imprevista ola que lo llevó a tener una concurrencia de 300 000 mexicanos provenientes de todos los estados y clases sociales.

La presentación cerró con un concierto de la banda Peace & Love con una alineación distinta a la que en Septiembre de 1971 los llevó al Festival de Avándaro, considerado el Woodstock de México.