Un destripador de antaño, de Emilia Pardo Bazán

Martes, 03 Agosto 2010 18:28

 

Un destripador de antaño, de Emilia Pardo Bazán



*Imágenes disponibles en:
www.difusioncultural.unam.mx/saladeprensa/

*De reciente publicación en la Colección Relato Licenciado Vidriera


“No se empeñe nunca en desengañar a los bobos, que al fin no se desengañan, e interpretan mal los esfuerzos que se hacen para combatir sus preocupaciones”, escribió en 1890 Emilia Pardo Bazán en voz de uno de los personajes de Un destripador de antaño.

Editado por la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial de la UNAM, el breve relato del siglo XIX ofrece una prueba de la extraordinaria vigencia de la mirada crítica de la prolífica escritora española.

 

Un destripador de antaño narra la historia de Minia, una huérfana que es vejada por los tíos que la adoptaron. Sin embargo, las circunstancias que aquejan a la joven sirven apenas como hilo conductor para dibujar un escenario donde la ignorancia y las creencias paganas justifican la barbarie.

 

El texto, publicado originalmente en 1890 en la revista La España moderna, se convierte en una revisión minuciosa de la fragilidad de la vida, así como la tiranía y la injusticia alimentadas por la tradición oral.

 

En palabras de Camilo Ayala Ochoa, quien acompaña la narración con una notable introducción, se trata del “crudo relato de una leyenda antigua de las tierras gallegas, la del secuestrador de infantes o doncellas que los desollaba para servirse de su sangre o tejido adiposo”.

 

Y puntualiza: “Ese personaje, con el que se asustaba a los niños noctívagos, fue llamado por los españoles de distinto modo: destripador, sacamantecas, sacasebos, cortabeso, mantequero, ensundiero, sacauntos, saguiners, mesquideta, sacamanteiga, comprachicos, hombre del saco, hombre del unto, tío sacamantecas, tío saín, viejo del costal o viejo de la bolsa”.


Para el editor, se trata de un relato de notable lucidez seleccionado entre las 41 novelas y los 580 cuentos que escribió Emilia Pardo Bazán y de la Rua-Figueroa (La Coruña, España, 1851), quien se encargó en el siglo XIX de encontrar un lugar destacado para las mujeres en la literatura y cuya obra más notable es Los pazos de Ulloa.

 

Característico del estilo de la escritora, Un destripador de antaño confirma las palabras de Ayala Ochoa: “Emilia Pardo Bazán escribió con atroz realismo obras inspiradas en crímenes efectuados por mentes primitivas, mujeres inmorales y hombres viciosos que viven fermentando rivalidades, rencores, despechos, remordimientos y deseos de desquite”.

 

En esta historia, los habitantes de La Coruña construyen un mito sobre la figura del boticario y el origen de sus remedios, los cuales, piensan, tienen su principal ingrediente en el cuerpo de mujeres vírgenes: unto de moza virgen, “en sazón de poder casar”. Pero el horror tiene origen en los lugares menos previstos.

 

“Lo que verdaderamente produce horror y estremecimiento –escribe Ayala Ochoa– es la sombra homicida sin cara que acecha, la realidad cruel que siempre y en todo espacio es posible, la figura del mito popular que recurrentemente se actualiza, el presentimiento de lo que H. P. Lovecraft llama lo innominable”.

Lo mejor de la literatura hispanoamericana

 

El relato está incluido en la colección Relato Licenciado Vidriera, una serie de textos breves de la literatura hispanoamericana que abarcan del siglo XVI a principios del XX.

 

En ella, se cuentan textos de Lope de Vega, Justo Sierra O'Reilly, Gregorio López y Fuentes, Amado Nervo, José Joaquín Fernández de Lizardi, Manuel Payno, Xavier Villaurrutia y Alejo Carpentier.

 

El título con el que inicia la colección es justamente El licenciado Vidriera, de Miguel de Cervantes Saavedra, cuyo protagonista ha perdido la razón y en consecuencia se piensa todo de vidrio.

 

Dirigida por Hernán Lara Zavala, la colección debe su nombre “a un intento de bautizar, de una vez por todas, un género que en español ha requerido siempre de explicaciones o aproximaciones: cuento largo, noveleta y novela corta. Y ya que el cuento y la novela están perfectamente identificados, ¿por qué no llamarle a este género a caballo simplemente relato?”