Museo Universitario del Chopo. 40 aniversario

Martes, 17 Noviembre 2015 00:18

 

 

 

 

Museo Universitario del Chopo. 40 aniversario

 

 

El Museo Universitario del Chopo celebra este año su cuarenta aniversario como espacio para la difusión del arte, la cultura y la movilización del pensamiento. Perteneciente a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ha sido bastión de las culturas y las prácticas artísticas que se distancian de las generalmente admitidas, albergando de forma crítica propuestas emergentes y transdisciplinarias. 

Ha creado atmósferas de experimentación y reflexión, en colaboración con múltiples colectivos culturales y redes independientes de producción artística y de pensamiento, así como con instituciones de difusión cultural, locales, nacionales e internacionales, públicas y privadas, mediante programas transversales dirigidos a la comunidad universitaria y al público general. 

El Museo Universitario del Chopo se ha erigido como centro de cultura contemporánea con una amplia oferta en artes visuales, artes vivas (teatro, música, danza, performance) y literatura expandida. Moviliza el pensamiento crítico mediante conferencias y mesas redondas. Cuenta actualmente con un Centro de Documentación de las escenas contraculturales y subterráneas en México, así como con una Fanzinoteca. Como sede del Cinematógrafo del Chopo, cuya programación está a cargo de la Filmoteca de la UNAM, constituye una excelente opción para que los habitantes de los barrios aledaños vean ciclos de lo mejor del cine mexicano e internacional. Ofrece igualmente talleres tanto de especialización como de iniciación artística, además de actividades de mediación.

 

Los rasgos que lo distinguen

 

Durante cuatro décadas, el Chopo ha expandido los parámetros de las artes visuales, el performance, la música, el arte sonoro, el arte electrónico, el video-arte y otras manifestaciones que conjugan elementos de varias disciplinas. De ahí que sus actividades tengan un carácter transdisciplinario (en virtud de la convergencia de lenguajes artísticos que plantean)y heterodoxo (dado que resultan de la búsquedaconstante de nuevos modos de conocer, de hacer y de expresar; formas diferentes frente al canon tradicional). 

A lo largo de su trayectoria ha enriquecido la oferta escénica de la ciudad con propuestas de vanguardia. Ya en los ochenta, el museo se erigía como el lugar para la presentación del teatro, la danza joven independiente y el performance. 

El Chopo ha sido catapulta de talento artístico: aquí se han presentado los creadores visuales y escénicos, músicos y escritores más propositivos, quienes, con el paso del tiempo, marcan el pulso del horizonte cultural. 

Baste recordar que el museo ha expuesto la obra de artistas plásticos cuya carrera comenzaba en los años ochenta y noventa y que hoy día han alcanzado notable reconocimiento. 

En la música, el Chopo fue el escenario para la presentación de importantes bandas de rock como Iconoclasta, Botellita de Jerez, Real de Catorce, Haragán, Santa Sabina, Víctimas del doctor cerebro, Maldita vecindad y los hijos del quinto patio, Kenny y los eléctricos, entre muchos otros.  Foro para destacadas cantantes como Betsy Pecanins, Cecilia Toussaint, Rita Guerrero, Regina Orozco, Eugenia León, Iraida Noriega, Lila Downs; y de compositores urbanos como Juan Hernández y su banda de blues, La rambla, Nina Galindo, Follaje, Dulce niño de aguamiel, y muchos más.

 

La trayectoria artística de los performanceros Felipe Ehrenberg, Maris Bustamante, Lorena Wolffer y Verena Grimm también ha estado asociada, desde su inicio, con las actividades organizadas por el museo para la difusión de esta actividad.

 

Por otra parte, ha albergado la expresión de la diferencia y de lo que se ha considerado marginal o subterráneo en los ámbitos cultural y creativo. En este marco, el Chopo ha sido escenario para la presentación de la producción artística multidisciplinaria y para la reflexión en torno de la diversidad sexual en la ciudad de México. Las Jornadas de Cultura Gay, impulsadas por los actores sociales Luis González de Alba, José María Covarrubias y Juan Carlos Bautista, entre otros, tuvieron lugar en 1986 en el Chopo. Al año siguiente, se llevó a cabo la primera Semana Cultural Gay, que se transformó en la Semana Cultural Lésbico-Gay en 1992. Este programa de artes visuales, artes escénicas y generación de pensamiento se ha llevado a cabo en el museo hasta convertirse en el actual Festival Internacional por la Diversidad Sexual (FIDS).

 

El museo también ha demostrado su vocación incluyente albergando e impulsando el respeto y la participación de las mujeres en la actividad artística y cultural; y la de grupos juveniles marginados, entre cuyos medios de expresión han estado el rock, el punk y el graffiti.

 

El programa del Museo Universitario del Chopo ha favorecido la convivencia entre públicos de diversas generaciones y procedencias, así como el diálogo entre creadores y seguidores de distintas escenas culturales, por lo que ha sido un lugar de encuentro entre el arte y la calle. Ocupado siempre en hacer concurrir a públicos diversos, en cuanto a edad, estrato social e intereses artísticos y culturales se refiere, la interacción a la cual el museo ha invitado provoca y transforma a sus visitantes, personas curiosas y ávidas de conocer lo que sigue en las aproximaciones artísticas y los cruces disciplinarios.

 

Ubicado en Santa María la Ribera, icónica colonia de la ciudad de México, ha sido punto de encuentro para los públicos del norte, del sur, del oriente y del poniente urbanos, en tanto zonas con características sociodemográficas específicas. 

Para dar cuenta de las problemáticas sociales, culturales y urbanísticas del barrio donde se ha localizado desde hace más de 100 años  –en el que ha sido referente espacial y simbólico–, el museo ha organizado actividades que van desde los ciclos de conferencias La Santa María y anexas (1985) y Una mirada a la Santa María la Ribera (2001)hasta el actual programa ¿Qué pasa en el barrio?, que busca estrechar su vínculo con los habitantes de barrios cercanos, impulsar también la colaboración de colectivos culturales independientes de la zona, así como la circulación de información sobre la oferta culinaria y de otros servicios de la colonia; otro ejemplo es la pieza de teatro expandido Encuentros secretos, desarrollada y presentada entre febrero y junio de 2015 y que fomentó la conversación de los vecinos de Santa María la Ribera con la Compañía Opcional acerca del desarraigo que experimentan en su barrio. O bien, de la iniciativa Úumbal, coreografía nómada para habitantes (2015),en la que participan voluntarios para desplazar un baile construido de forma colectiva por las calles de Santa María la Ribera y algunas zonas aledañas. 

Destaca igualmente la publicación del fanzine Voces Santa María la Ribera, a cargo del artista Israel Martínez, con el apoyo del Museo Universitario del Chopo. El primer número se publicó en el verano de 2014 con el propósito de ofrecer a la comunidad que vive, labora, transita o visita esta colonia un impreso de distribución gratuita que diera a conocer sus oficios, historia, gastronomía, actividades y cultura, abriendo así un diálogo con habitantes, artistas y comerciantes del barrio. La distribución de Voces se realiza mediante perifoneo, esto es, un sistema de bocinas utilizado comúnmente para ofrecer o vender productos o servicios en la vía pública. 

Esta iniciativa se relaciona estrechamente con el interés del museo en el fanzine como objeto y como proceso. El término fanzine proviene de la asociación de los vocablos fan (aficionado) y zine (magazine), publicación amateur producida fuera de los circuitos industriales de edición. Se aplica a aquellas publicaciones autoeditadas, realizadas por gente vinculada o interesada en una temática o aspecto cultural en particular; la edición del fanzine se realiza con medios de reproducción de bajo costo, precarios o vinculados con prácticas autogestivas; su distribución suele llevarse a cabo fuera de los circuitos comerciales y/o profesionales del medio editorial. El espíritu que guía este tipo de producción, distribución y consumo cultural es el conocido como “hazlo tú mismo”. 

En 2013, el museo creó la Fanzinoteca, espacio para recuperar la memoria documental de grupos y proyectos de la escena cultural subterránea de México, por medio de la catalogación y digitalización de acervos pertenecientes a los protagonistas de esta escena, con el propósito de facilitar su conocimiento, investigación y puesta en común con el público a través de diversas estrategias de presentación, incluidas las autopublicaciones en línea. 

Como parte de su histórica vocación reflexiva en torno de la poesía visual y la literatura experimental, el Chopo se ha abocado en años recientes al análisis de los cambios sistémicos de las disciplinas relacionadas con el texto. Conocido como Literatura expandida, el museo lleva a cabo un programa de actividades que fomentan la discusión acerca de nuevos soportes de diseminación cultural y editorial, el libro impreso versus el libro digital, y otros temas relativos a la literatura en la era digital. 

Las actividades han incluido desde presentaciones de poetas callejeros y colectivos poéticos, hasta charlas con escritores de amplio reconocimiento nacional e internacional así como ciclos enteros de reflexión (como Escribir mañana). 

En este marco, en el museo han tenido cabida aproximaciones no solemnes a la oralidad y sonoridad del lenguaje verbal, y a la oralidad como experiencia colectiva, como lo ilustra el ciclo Micrófono abierto. Lo que se lee con el oído. Asimismo, otras actividades relativas a la literatura expandida se han referido a los diversos recursos ajenos al texto (como el video, los archivos sonoros, animaciones, apropiaciones y reciclajes que se derivan de la presente cultura digital) hoy empleados por escritores y creadores multidisciplinarios.

 

El museo en la memoria de la ciudad

 

La trayectoria del Museo Universitario del Chopo está marcada por actos y movimientos culturales que forman parte ineludible de la memoria de la ciudad de México. Baste mencionar tan sólo dos de ellos: la apertura del Cinematógrafo del Chopo en 1977 (cuya programación hoy en día está a cargo de la Filmoteca de la UNAM), uno de los primeros cine-clubes de la capital del país.

 

Unos cuantos años después de su inauguración, el museo organizó conciertos cuyo éxito propició la creación de concursos como el Concurso de Composición El rock del Chopo. Después de éste, en octubre de 1980, se llevó a cabo el Primer tianguis de la música en México. Programado para durar sólo un mes, permaneció hasta 1982 dentro del museo, lo que convirtió a la institución en lugar de encuentro sabatino para intercambiar publicaciones, discos y para escuchar bandas en vivo. Posteriormente se realizó también el Segundo Encuentro del Punk-Rock en México.

 

Cabe mencionar que dada su popularidad, el tianguis tuvo que buscar un lugar fuera del museo, en la calle Enrique González Martínez, de 1983 a 1985; posteriormente se instaló en uno y en otro lugar de la ciudad hasta que en 1988 se estableció donde hoy se encuentra: en la calle Aldama, cerca de Buenavista, en la Delegación Cuauhtémoc.

 

Transformación histórica del edificio del museo como espacio expositivo

 

En 1903 llegaron a la ciudad de México las piezas de hierro y vidrio de tres cuartas partes de la estructura diseñada por Bruno Möhring para la Exposición Industrial y Comercial de Dusseldorf,en Deutz, Alemania (1902). José Landero y Coss, propietario de la Compañía Mexicana de Exposiciones, la compró para realizar una feria comercial e industrial similar al circuito de Exposiciones Universales que tuvo lugar en Europa a mediados del siglo XIX. El objetivo era situar a México en el ideal de civilización de esa época. No obstante, el proyecto nunca se echó a andar. En 1905, la compañía se declaró en quiebra. 

El edificio se asentó cerca de la estación Buenavista del ferrocarril, que para entonces marcaba el límite de la ciudad de México en el norte, pero donde se proyectaba desarrollar nuevas colonias que harían crecer la capital porfiriana. De ese modo, entre 1884 y 1909 se crearon 25 nuevas colonias –entre ellas, Santa María la Ribera− con sus respectivos componentes habitacionales, comerciales, de recreo e infraestructura urbana moderna; a ellas se trasladaron las clases acomodadas del Porfiriato. 

En aquel rumbo, todavía conocido por la gente como el Chopo, debido a que antiguamente había sido territorio de los ranchos El Chopo, San Rafael, El Cebollón, San Cosme y la Horca, se levantó el edificio al que pronto se le identificó como “el palacio de cristal”. 

Como parte de la celebración del Centenario de la Independencia de México, Porfirio Díaz desplegó una estrategia de relaciones diplomáticas y comerciales. “El palacio de cristal” resultó idóneo para incorporarse al programa de los festejos tanto por sus características arquitectónicas como por su ubicación. En 1910, se inauguró en ese recinto una exposición industrial japonesa, la cual cerró las fiestas del centenario. El edificio se convirtió así en un símbolo de las relaciones políticas del Porfiriato, su élite y el orden internacional. 

La entonces Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes arrendó el edificio y presentó en 1913 la Exposición Japonesa, distinta a la organizada tres años antes. A partir de diciembre de 1913 y hasta 1963, el inmueble fue sede del Museo Nacional de Historia Natural, el más importante de su tipo en Latinoamérica en esa época. 

Entre los objetos que albergó, destaca una réplica del Diplodocus Carnegii, donada en1926 por la viuda de Andrew Carnegie a México. La pieza ocupó un lugar prominente dentro del museo y se convirtió en identidad visual del mismo durante las siguientes cuatro décadas. Todavía hoy, generaciones de capitalinos asocian al Chopo con el dinosaurio, lo mismo que con otros especímenes animales que estaban ahí en exhibición. 

Luego de consumarse la autonomía universitaria, en 1929, el edificio pasó a integrar el patrimonio de la UNAM. La propia demanda de un proyecto más integral por parte del Instituto de Biología de la Universidad, que implicaba la relocalización de la institución debido al deterioro del edificio y los cambios en la política cultural de Estado, llevaron a la clausura del Museo Nacional de Historia Natural. 

Aun durante el periodo de abandono del edificio, el Chopo fue espacio para la escenificación. En 1971 sirvió como locación para el rodaje de La mansión de la locura, del director mexicano Juan López Moctezuma. Ese mismo año, José “El Perro” Estrada filmó allí algunas escenas de su película Recodo del purgatorio. El rescate del inmueble comenzó en 1973. 

El rector de la UNAM, doctor Guillermo Soberón, inauguró el Museo Universitario del Chopo el 25 de noviembre de 1975, con las exposiciones De recientes órbitas celestes, una mirada al universo y Museo de sitio. La apertura del museo formó parte de un amplio proyecto que promovía la descentralización a través de instituciones dedicadas a la difusión cultural situadas fuera del campus universitario. 

La más reciente transformación del espacio expositivo del museo tuvo lugar en 2006 con el arranque de la obra de preservación del inmueble histórico así como la construcción, en su interior, de otro edificio para ampliar los espacios expositivos, ofrecer un foro y un cinematógrafo completamente renovados, un centro de documentación y mediateca, así como una tienda y una cafetería. La intervención estuvo a cargo del arquitecto mexicano Enrique Norten, mientras que la obra fue ejecutada por la Coordinación de Proyectos Especiales de la UNAM. Como resultado, en mayo de 2010 el Chopo reabrió sus puertas con el doble de capacidad para albergar exposiciones y un equipamiento de primer nivel para actividades escénicas y cinematográficas. Hoy día, desde diversos puntos del nuevo edificio interior, es posible observar los detalles, de piso a techo, de la antigua estructura.

 

Asimismo, el museo ha llevado a cabo, desde 2010, el programa Chopo sustentable, que consiste en la adopción de una política de ahorro y uso eficiente de agua y energía, a través de la implementación de sistemas para generar electricidad a partir de celdas solares y para recuperar y reutilizar el agua de lluvia. Con esta iniciativa el museo se ha sumado a los esfuerzos de la Universidad por emplear tecnologías que contribuyan a contrarrestar el cambio climático y a proteger el medio ambiente. Concebido e implementado con la asesoría del Centro de Investigación en Energía (CIE) de la UNAM, el proyecto se realiza a través del Programa de Ahorro y Uso Eficiente de Energía y se centra en tres puntos: generar energía eléctrica por medio de celdas fotovoltaicas instaladas en el tejado del área administrativa del museo; recuperar, filtrar y reutilizar agua de lluvia, siguiendo las sugerencias del programa PUMAGUA para el empleo racional de este recurso; medir el uso de energía eléctrica e implementar acciones de ahorro.