Celebra la Filmoteca de la UNAM 50 años del filme Pedro Páramo de Carlos Velo

Lunes, 07 Noviembre 2016 16:54

 

 

Celebra la Filmoteca de la UNAM
50 años del filme Pedro Páramo de Carlos Velo

 

*Miércoles 9 y jueves 10 de noviembre, 12 horas
**Sala Julio Bracho
***Entrada libre previo registro en www.filmoteca.unam.mx

 

A 50 años de su filmación, la película Pedro Páramo sigue vigente como la cristalización de un momento histórico donde las letras y el cine trabajaron en conjunto. Entre 1959 y 1967 Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Gabriel García Márquez, José Revueltas, y el mismo Juan Rulfo, entre otros, dejaron huella en muchos proyectos de su paso por la industria del cine nacional.

 

Con el fin de conmemorar que la cinta Pedro Páramo, del cineasta Carlos Velo, cumple este 2016 medio siglo de haberse filmado, la Filmoteca de la UNAM ha preparado dos proyecciones especiales de entrada libre, que se llevarán a cabo en la Sala Julio Bracho los días miércoles 9 y jueves 10 de noviembre, a las 12 horas.

 

Pedro Páramo de Carlos Velo representó en su momento un proyecto de grandes expectativas, al que se sumó un elenco internacional de grandes actores de la época.

 

“Pilar Pellicer, Claudio Obregón, Julissa, Alfonso Arau o Ignacio López Tarso, transitaron las escenas de esta obra clave dentro de la producción mexicana; con el añadido extravagante de John Gavin, un actor estadounidense segundón, de quien se pensaba que podría dar el ancho e incluso lograr la comercialización internacional de la película”, explicó en entrevista el experto en cine, Javier Ramírez, autor del libro Ibargüengoitia va al cine (2013) y profesor de tiempo completo en La Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Morelia. 

Rulfo al cine 

Para Ramírez la adaptación fílmica de la novela significó en su momento una renovación del quehacer del cine mexicano, tanto en técnicas como en argumentos:

 

“Carlos Velo tuvo una larga amistad con Rulfo, que venía desde la publicación de la novela. En su momento el cineasta ya había manifestado su intención de adaptar Pedro Páramo al cine, empresa por demás siempre complicada, en donde otros cineastas también naufragaron”, explicó.

 

El que Pedro Páramo fuera llevada a la pantalla en 1967 no fue un mero capricho de la industria, puesto que Rulfo ya era entonces aclamado y, además, muy asiduo del medio cinematográfico. Para explicar esto, Ramírez rememoró algunas de las adaptaciones rulfianas que se hicieron en la época y posteriormente:

 

“Rulfo mismo había coqueteado con el cine antes del filme de Velo, por un lado como fotógrafo, y en otro momento, participando en la filmación de su relato El despojo. Luego, en 1964 colaboró con Roberto Gavaldón en la producción de El gallo de oro; adaptada al cine con la ayuda de Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, historia que se volvería a filmar en los 80 bajo la dirección de Arturo Ripstein, con el sugerente título de El imperio de la fortuna”, destacó.

 

Según el especialista, a través de la cinta de Velo, el estado mexicano deseaba promover la idea de un nuevo cine mexicano basado en lo más importante de su literatura: con un estilo ambicioso, que bebía del lenguaje documentalístico; esto con el fin de reconectar con el público. Y para lograr esta empresa se necesitaba a un director calificado:

 

“Carlos Velo poseía ya una larga trayectoria en el cine documental, como el caso del filme Torero; y desde la ficción había trabajado en cintas como Raíces, misma que tuvo un premio importante en Cannes. Con todos estos antecedentes parecía el indicado para filmar la gran novela del siglo XX mexicano”, señaló.

 

Pedro Páramo en pantalla

 

La película es un eterno retorno al pesadillesco universo del libro de Rulfo, donde dos historias paralelas son trazadas a partir de dos épocas en Comala: en primer lugar la cámara de Gabriel Figueroa nos muestra el sendero de Juan Preciado quien llega al mítico pueblo de los murmullos en busca de su su padre, Pedro Páramo. En la segunda seguimos los pasos del mismísimo cacique, hecho que nos permite conocer el ascenso y caída de este famoso antihéroe.

 

Como antecedente al rodaje, Velo había pasado largos años trabajando en un guión que parecía infalible, aunque cargado de una gran controversia de origen, según Javier Ramírez:

 

“Para su adaptación reordenó la estructura del libro Pedro Páramo en un relato lineal, cronológico; transgrediendo con esto la construcción caleidoscópica rulfiana. Este ha sido siempre el punto más constroversial detrás del rodaje de esta película”, dijo.

 

Para producción de la película, el propio Rulfo se dedicó durante largos meses a buscar locaciones en el estado de Hidalgo. Según Ramírez todo estaba puesto para hacer una gran cinta del cine mexicano, pero cuando estaban a punto de comenzar la filmación, al productor Manuel Barbachano le entró miedo y decidió traer a Carlos Fuentes como asesor de los diálogos. Hecho que, en lugar de fortalecer, terminó minando el resultado final:

 

“Durante el proceso de adaptación la película se corta, se aligera, se compacta, y va perdiendo. De tal la manera que, aunque visualmente el resultado final sale bien  (articulado con escenas fantásticas de montaje, y con potentes imágenes a cargo de Gabriel Figueroa), en el contenido quedó muy a la sombra del libro. El mismo Velo quedó muy decepcionado y en Cannes fue considerada como una película fría. Quizás el reto había sido muy grande”, opina Ramírez.

 

Pedro Páramo no fue la pieza maestra que se esperaba, sin embargo a la distancia es considerada como el precedente de un gran intento del cine mexicano en su vena más ambiciosa. Asimismo, para el especialista, la cinta tiene elementos muy rescatables como la actuación de Pilar Pellicer, en el papel protagónico de Susana San Juan, o la riqueza visual de las imágenes:

 

“En lo rescatable tenemos a Pilar Pellicer en sus escenas como Susana San Juan, personaje que mueve toda la película. Las escenas donde Figueroa fotografía a Pellicer son de una fuerza incuestionable”, dijo.

 

A 50 años de su filmación, Ramírez concluye que podemos pensar en la película de Vela como parte del espíritu de una época, como el riesgo de un cineasta inteligente que decidió aventurarse en la difícil misión de llevar Pedro Páramo al cine:

 

“Carlos Velo tuvo el mérito de la audacia y en su película Pedro Páramo se sintetiza de alguna manera este momento de cineastas formados con un ojo particular en el documental, que incursionaron en la ficción para imprimirle al cine mexicano otra visualidad: como sucedió en las películas La Soldadera, de José Bolaños, o Los Caifanes, de Juan Ibáñez”, concluyó.