Yuyachkani: acción escénica ante la violencia

Jueves, 14 Febrero 2019 13:13
 
 
“Somos agonía y somos fiesta”, dice contundente Teresa Ralli, actriz, profesora y directora teatral, integrante del grupo cultural peruano Yuyachkani desde su fundación en 1971. Entre el dolor y el festejo, adaptándose al inestable contexto político y social del Perú, la compañía abreva en la sabiduría acumulada en pueblos y comunidades, pero también en los estragos de un conflicto armado que arrojó cerca de 70 mil personas desaparecidas.
 
“Yuyachkani es, en quechua, ‘estoy pensando, estoy recordando’ y, como se dice en el quechua del sur, soy tu pensamiento”, acota la creadora que ve en el acto escénico un espacio de comunión con el que han recorrido los pueblos, los mercados y los barrios de la geografía peruana y de otras partes del mundo.
 
En el marco del Festival Internacional de Teatro Universitario, la compañía fundada por Miguel Rubio en 1971 participará con dos eventos. Este viernes 15, a las 12 horas, en el auditorio del Museo Universitario de Arte Contemporáneo, Rubio y Jorge Dubatti ofrecerán la conferencia “Aproximación a la experiencia colectiva del grupo cultural Yuyachkani”.
 
El sábado, a las 20 horas, en la sala Miguel Covarrubias, presentarán el montaje “Con-cierto olvido”, un recorrido por la música que ha usado el grupo en sus montajes a lo largo de su ya larga trayectoria.
 
Hace 47 años, cuando Yuyachkani comenzó, los críticos les decían que no hacían teatro. Ellos lo tomaron con calma y nombraron a sus creaciones acciones escénicas. Desde entonces, se han encargado de darle “cuerpo y carne” a ese término. Finalmente, la escena del teatro es la acción, espiritual, vocal o corporal.
 
“En nuestra búsqueda no nos hemos preocupado mucho por seguir los parámetros tradicionales de los que se entiende por hacer teatro. Nos hemos hecho preguntas sobre qué papel cumplimos nosotros en nuestra sociedad, como artistas y como ciudadanos. Eso ha dado como resultado propuestas que han cambiado con el tiempo”, dice Teresa en entrevista.
 
“El nombre de nuestro grupo –añade la actriz, profesora y directora Ana Correa, integrante del grupo desde 1979, era asociado al mundo andino y a la artesanía folclórica. El grupo desde un inicio ha buscado sus raíces culturales. Yuyachkani no hace folclor, hace una búsqueda de todos los elementos de teatralidad que encontramos en las fiestas populares.”
 
Uno de los varios temas que ha trabajado Yuyachkani en sus montajes es el de los desaparecidos, problema que toca a Perú, Chile, Argentina, Colombia y México, entre otros países latinoamericanos. No obstante, como aseguran las creadoras, la desaparición no es un eje temático de la compañía, es el panorama cultural e histórico del Perú lo que les ha ido planteando retos.
 
“Lo que ha sido una constante en  el grupo es que nuestras creaciones intentan responder a lo que vivimos en la sociedad peruana –apunta Teresa. Llegó un momento en que la violencia interna y el conflicto armado dentro del país nos fue planteando preguntas. Empezaron a desaparecer nuestras gentes: los hijos, las madres, los maridos y eso pasó a formar parte de nuestra creación de una manera orgánica. Siempre que hacemos una obra pensamos que por fin será para reírnos, burlarnos, ironizar, pero el universo de la desaparición siempre termina interviniendo nuestra creación. Es una tarea, una emergencia, una necesidad.”
 
Esa búsqueda de respuestas llevó a Ana Correa a investigar, crear e interpretar en diversos mercados de pueblos peruanos  la acción unipersonal Rosa-Cuchillo, pieza basada en una novela de Óscar Colchado que trata sobre una madre buscando a su hijo aún después de la muerte.
 
“La novela (de Colchado) se llama Rosa, mi abuela se llama Rosa y es de Huallanca, la misma zona de donde es Óscar. La novela nos narra la historia de una madre que busca a su hijo después de muerta y se entrelaza con la cosmovisión andina de esta zona. La protagonista atraviesa el mundo de abajo, que es donde están los ancestros, y el de arriba, que es donde están los dioses. Finalmente encuentra a su hijo y lo consuela. Al final dice: éste es un pueblo que está sufriendo de olvido y de pena.”
 
En el momento en que preparaba la obra, Ana se enfrentó a la muerte de su madre. Por otro lado, tenía presente a todas las mujeres con las que había trabajado en medio del conflicto armado, las cuales habían sido víctimas de violencia social y sexual. La obra partió del deseo de consolar a estas madres. Parte de la investigación previa implicó la visita a diversos mercados observando la manera en que las mujeres vendían sus productos sobre una mesa pequeña.
 
“La obra me da respuestas a mí y acompaña a madres de desparecidos. Por otra parte, visibiliza un asunto importante: la desaparición. En Perú, la comisión de la verdad ha generado 9 tomos (que narran veinte años de violencia: 1980-2000). Tenemos que comenzar con la judicialización y eso es lento. Rosa Cuchillo hace una pequeña contribución: consuela y te da fuerzas para continuar”, acota Ana.
 
En el 2000, Teresa Ralli protagonizó el montaje Antígona, acción escénica unipersonal dirigida por Miguel Rubio basada en una lectura de la tragedia clásica de Sófocles a cargo de José Watanabé. La tragedia narra la desobediencia de Antígona, al hacer un rito funerario al cadáver de su hermano Polínices, pese a la prohibición de Creonte, rey de Tebas.  
 
La pieza surgió a finales de la década de los noventa, en medio de una depresión social. Recurrir al clásico griego fue una estrategia para tomar distancia. Se estrenó en febrero del 2000, cuando aún no surgía la Comisión de la Verdad y  el ex presidente Alberto Fujimori había huido a Japón.
 
“Era muy difícil hablar de la violencia cuando la teníamos al otro lado de la puerta. Hablamos mucho con mujeres con familiares desaparecidos para reencarnar, entender y corporizar esta pérdida. La historia de Antígona fue una interpelación a todos nosotros. Había que entender que muchas mujeres en el Perú eran Antígonas, sino que muchos de los ciudadanos y ciudadanas eran Ismene (hermana de Antígona), que habían guardado silencio durante mucho tiempo para poder sobrevivir.”
 
Para Ana y Teresa, las acciones escénicas de Yuyachkani siguen siendo procesos de sanación. Recuerdan talleres que han dado a mujeres víctimas de violencia sexual, quienes les han dicho, tocándose el bajo vientre, tengo algo acá y quiero abrirme y arrancármelo. Ese gesto lo han interpretado como una fisicalización del dolor.
 
“El teatro ha sido para nosotras –concluye Ana, una manera de reconciliarnos con nuestras abuelas, con nuestras madres, con nosotras mismas. Logramos entregar trochas, caminos, posibilidades de buscar alternativas de sanación.”