Explora el libro Ojos de Reyes la faceta de Alfonso Reyes como apasionado del arte

Martes, 12 Enero 2010 19:49

 

Publicado en la colección El Estudio de la Dirección de Literatura de Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM, en Ojos de Reyes, el traductor, ensayista, cuentista y compilador Héctor Perea explora una faceta poco conocida del prolífico escritor Alfonso Reyes: la de apasionado del arte, coleccionista, crítico (con ciertos matices) y partícipe del pujante entorno artístico de su época.

 

Género difícil de precisar por las virtudes del texto, el trabajo de Perea, quien forma parte del Centro de Estudios Literarios del Instituto de Investigaciones Filológicas, oscila entre el ensayo y la biografía; el autor ofrece una seria indagación que no elude una narración cercana al lector, cargada de anécdotas y datos curiosos.

 

Resultado de una búsqueda profunda en una multiplicidad de fuentes, Ojos de Reyes es parte de una larga investigación sobre la vida y obra de Alfonso Reyes, probablemente uno de los grandes temas en la vida del investigador, quien ha trabajando antes en títulos como Alfonso Reyes. Iconografía (del que es coautor), la antología España en la obra de Alfonso Reyes, Cartas echadas. Correspondencia Alfonso Reyes-Victoria Ocampo y el ensayo La caricia de las formas. Alfonso Reyes y el cine.

 

Ojos de reyes aborda a lo largo de 14 capítulos o ensayos breves diferentes aspectos de Alfonso Reyes y sus andanzas por el mundo del arte.  En “Cuestión de estética”, por ejemplo, dibuja un escritor parado frente al arte en la actitud de espectador cultivado que marcó su distancia de la crítica.

 

“Alfonso Reyes no quiso ejercer en forma la crítica artística, como sí lo hizo al firmar como Fósforo y al alimón con Martín Luis Guzmán la cinematográfica”, escribe.

 

Sin embargo, Perea rastrea en los textos de Reyes, lo mismo en ensayos que en la narrativa, las impresiones de éste respecto de la escena artística de su época, la enseñanza de las artes y sus métodos, la valoración de particularidades en la obra de artistas como Diego Rivera, Julio Ruelas, Manuel Rodríguez Lozano y Julio Castellanos, así como una dura evaluación sobre la crítica artística como labor y sus debilidades, como la excesiva descripción técnica.

 

Como coleccionista de arte, registra el autor, basta señalar que en la capilla Alfonsina se encuentran obras de Roberto Montenegro, Foujita, Daniel Vázquez Díaz, Dimitri Ismailovitch, José Moreno Villa, Federico Cantú, Barbiari y Rafael Barradas, entre muchos otros.

 

El serio conocimiento de la Historia del arte con que contaba Reyes se complementaba con su actividad como coleccionista, el arte de sus letras y algunas incursiones gráficas. “Alfonso Reyes escribió sobre pintura, tomó fotografías y realizó bocetos de París, Río de Janeiro o el Cerro de la Silla”.

 

Alfonso Reyes estaba consciente de que la suya era una época de grandes cambios y desarrollo para el arte mexicano, de tal forma que fue un promotor del muralismo mexicano; lo supo, curiosamente, gracias a la vida en Europa que le llevó a conocer corrientes artísticas en su plenitud como el cubismo, el expresionismo cinematográfico, y pudo así establecer comparaciones.

 

Perea reconstruye y contextualiza el momento histórico de Reyes y a la vez que cruza fuentes, textos y personajes, sintetiza una época. Sin embargo, las nociones estéticas del escritor regiomontano persisten por su sobrada vigencia. Como el autor apunta, Reyes anticipó algunas características del performance y el arte contemporáneo en “Contra el museo estático”, ensayo en el que escribió: “Queremos quemar los museos, y fundar el museo dinámico, el cine de bulto, el filme de tres dimensiones (…) donde el espectador pueda, si le place, ser también personaje y realizar sus múltiples capacidades de existencia (…) saltar al plano de las ejecuciones”.

 

Sin duda, el rescate de esas líneas suman otra razón a la vigencia de las ideas de Alfonso Reyes. Alejado del elogio, Héctor Perea retoma también una afortunada cita de la crítica de arte Raquel Tibol, que condensa la relación del escritor con el mundo del arte.

 

“Permanente, sensible, informado y aun conceptualizado fue el interés de Alfonso Reyes por las artes plásticas; pero no ejerció la crítica de arte. No le interesó escribir de manera sistemática sobre el quehacer de sus amigos o de otros artistas cuyo trabajo le interesó o admiraba. Fue un espectador altamente calificado, no sólo por su amplísima cultura visual, sino por una infrecuente capacidad para la aprehensión y análisis de los lenguajes visuales con instrumentos éticos y estéticos”, escribe Tibol.

 

Quizá el nombre de este trabajo, Ojos de Reyes, se sustenta en la extensión de la cita que señala a Reyes como poseedor de unos ojos penetrantes, sensibles y analíticos.

 

Héctor Perea estudió Periodismo y Comunicación Colectiva en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, se doctoró en Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid y cursó guionismo en el Centro de Capacitación Cinematográfica.

El propio investigador se inició como escritor en el taller de narrativa de la Capilla Alfonsina –llamada así por Enrique Díez-Canedo–, el lugar que Alfonso Reyes estableció para sus libros en 1939 tras dejar sus labores diplomáticas y que pronto se convirtió en un centro de reunión de intelectuales.

 

Premio Nacional de Periodismo Cultural Rosario Castellanos 1989, el autor ha sido  colaborador de la revista Punto de Partida, la Revista de la Universidad de México, Vuelta, el periódico español El País y reconocidos suplementos culturales como El Ángel, La Cultura en México, La Jornada Semanal y Sábado.