En torno a la abstracción

Martes, 21 Septiembre 2010 22:20

 

Presenta el Museo Experimental El Eco instalación

y proyecto de intervención temporal

 

*La instalación involucra al espectador con un espacio en el que puede
reconocer
sus propios procesos de construcción visual
**La intervención se presenta como una posibilidad de exploración y
análisis del espacio del museo

 

Del 22 de septiembre al 31 de octubre, el Museo Experimental El Eco exhibirá en su Sala principal y sobre uno de los muros de la Sala Daniel Mont dos obras realizadas por las artistas Georgina Bringas y Karina Peisajovich.

Reflexiones en torno a la abstracción

Georgina Bringas (México, D.F. 1975) es una artista que está interesada en distintas reflexiones en torno a la abstracción de la relación espacio-tiempo dentro del arte como comprensión plástica del entorno al que pertenece, desarrollando diferentes métodos relacionados con el análisis racional del mundo, vinculados con la construcción del conocimiento lógico como una  traducción plástica que articula su trabajo artístico.

 

Proveniente de la práctica del videoarte, ha manipulado la acción de registro y documentación en video, transformando su lenguaje audiovisual en un ejercicio de análisis espacial y de composición plástica; proponiendo en los materiales con los que trabaja, relaciones múltiples de apreciación del paisaje.

 

El proyecto de intervención temporal de la artista sobre uno de los muros de la Sala Daniel Mont, titulado Veinticuatro horas, se presenta como una posibilidad de exploración y análisis del espacio de El Eco a partir de la medición de una de las superficies del lugar, usando como herramienta de medición y material cinta de video VHS. Para Bringas este material es una confirmación material de la posibilidad de contener y visualizar el espacio y el tiempo de manera concreta y a la vez, abstraer y cuantificar de forma gráfica, todas las posibles imágenes obtenidas al realizar un registro “análogo” de un muro de la sala de exhibición.


El VHS como un contenedor de información lineal y diversa sobre especificidades del mundo, que al desbordarse en el muro como si fuese cinta métrica, constituye el vector de un posible  “plano cartesiano” que nos da cuenta de distintas convergencias provenientes de la relación espacio-tiempo, resultando en su intervención plástica.

 

Para la artista el ejercicio de evidenciar la materialidad de imágenes video-grabadas, o a su vez, de “medir un muro con tiempo” forma parte de una serie de mediaciones metafísicas, que le han ayudado a conformar un sistema de experimentación plástica permitiéndole interactuar con su entorno inmediato, dando como resultado  la concepción de su trabajo artístico. Veinticuatro horas es el resultado de la conversión cuantitativa y cualitativa de materiales de registro y documentación audiovisual en elementos de medición relacionados con el sistema métrico-decimal, invitándonos a contemplar, reflexionar y entender a partir de la abstracción, el lugar donde sucedemos.

 

Composición de formas

Formada en la pintura, la práctica artística de Karina Peisajovich ha estado fuertemente influenciada no sólo por la historia del arte, sino por su experiencia temprana en el teatro alternativo, en el que trabajó como diseñadora de escena y vestuario a finales de los ochenta y principios de los noventa. Su obra está profundamente influida por la historia de los experimentos Modernistas con la abstracción y la percepción, al mismo tiempo que se apropia del teatro los soportes técnicos,  un compromiso directo con el espacio físico de exhibición y un posicionamiento activo del espectador-participante en la obra.

 

Sus proyectos más recientes han pasado de complejas instalaciones relacionadas con formas abstractas pintadas desde las paredes al piso de la galería con  luces proyectadas en formas geométricas, hasta a un conjunto de elementos más reducidos: pequeñas máquinas de iluminación que proyectan luces de colores, colocadas en espacios completamente oscurecidos.

 

Para su instalación sin título en el Museo Experimental El Eco, Peisajovich ha oscurecido significativamente la Sala principal del Museo, cubriendo el ventanal y pintando las paredes del mismo gris oscuro del techo. Tomando ventaja de la altura característica de este amplio espacio rectangular, la artista proyecta sobre la superficie plana del techo. Cinco poderosas luces de teatro se colocan sobre el piso alrededor de esta sala. Unido a estos reflectores hay un pequeño motor que mueve una barra de metal, que al moverse lentamente hacen rotar una placa circular de vidrio coloreado colocada sobre las luces. Cada placa contiene una rueda transparente.

 

 

Al moverse, la iluminación proyecta círculos de luces de colores en el techo, colores que van cambiando a medida que se mueve cada vidrio. Estos cinco dispositivos luminosos varían en tamaño y sus proyecciones se superponen entre ellas, creando una composición de formas. Cada motor está programado a una velocidad ligeramente distinta, un desplazamiento que implica que los colores de los círculos estén perpetuamente fuera de sincronía, lo que hace que se produzcan en la sala un rango casi infinito de combinaciones de color, al tiempo que los colores se superponen a diversos intervalos.

 

Los discos motorizados de esta pieza recuerdan a aquellos usados por Marcel Duchamp, en trabajos como Disk Bearing Spirals(1923), pero sin el efecto tridimensional producido por el artista francés. Fue Duchamp quien alertó sobre los placeres del ojo, su confort y su tendencia hacia la complacencia. Su reto hacia la vista, su necesidad de activarla en maneras agresivas, es un deseo compartido de Peisajovich. Ella reconoce estos desafíos dentro de su contexto contemporáneo, en el que la vista es fácilmente coaccionada por las imágenes consumistas.

 

Adicionalmente, la estructura de esta obra recuerda los ejercicios sobre el color de los profesores de la Bauhaus, específicamente de las enseñanzas de Joseph Albers. La artista apunta hacia esta referencia y utiliza los estudios de Albers en su trabajo, identificando su interés particular en las demostraciones sobre cómo engañan los colores, cómo no son estables ni contienen entidad, sino que son continuamente contingentes, produciendo imágenes accidentales de color, resultado de efectos físicos y biológicos. En el contexto de El Eco y su fundador, Albers es una referencia compartida, a la vez que Mathias Goeritz aplicaba sus enseñanzas y las empleaba en su propia pedagogía inspiradora.

 

Esta nueva obra construye un lugar para una experiencia perceptiva intensa. Al evocar una cueva o un planetario, los visitantes son invitados a recostarte en el piso en la oscuridad y mirar hacia  el juego de las luces de colores. El lento movimiento de las transiciones de los colores arrastran al espectador, reduciendo el movimiento del ojo significativamente. Uno se hace muy consciente de su visión individual como entidad de percepción y de su imaginación, mientras intenta conectar estas abstracciones hacia una imagen o un referente cómodo. Al tiempo que estos círculos entrelazados recuerdan configuraciones similares en la pintura en la historia de la abstracción geométrica de los cincuenta y los sesenta, son igualmente reconocibles como el producto simple de la mecánica relacionada con su producción; el lente circular de la luz teatral, la forma de la rueda de color.

 

El color está definido como la diferencia entre la luz y la oscuridad y es esta distinción la que crea las imágenes que percibimos en el mundo. A través de su fugacidad, el color y la luz  revelan la fragilidad de las imágenes y la vulnerabilidad de la vista en general. Esta instalación, a través del aislamiento de los elementos de color, luz, oscuridad y de su interrelación, busca subrayar este conocimiento. Involucra al espectador con un estado simulado de pre-imágenes, un espacio en el que puede reconocer sus propios procesos de construcción visual. La “imagen” que articula es aquella del acto mismo de mirar.

 

La inauguración se realizará el miércoles 22 de septiembre a las 19:30 horas. La entrada es libre y gratuita.

 

Sullivan 43, col. San Rafael. Abierto de martes a domingo de 10:00 a 17:00 hrs. Entrada Libre. Teléfono: 55-35-51-86; Fax: 55-35-43-51. E-mail:  Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..">Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..