Alcira Soust Scaffo. Escribir poesía ¿vivir dónde?, exposición en el MUAC que evoca el mundo Alciriano.

Miércoles, 15 Agosto 2018 14:09

 

 

  • La exposición, un hecho que siembra poesía y activismo, es una de las actividades con las que la UNAM conmemora el 50 aniversario del movimiento estudiantil de 1968.
  • Previo a la apertura se realizó un conversatorio en donde intervinieron amigos y familiares de la artista, curadores y creadores.
  • 50 años después, Alcira no pierde la esencia de su militancia poético política con énfasis en la alegría de vivir.

 

Como parte de las 300 actividades con las que la UNAM conmemora el 50 aniversario del movimiento estudiantil de 1968, se abrió al público la exposición Alcira Soust Scaffo. Escribir poesía ¿vivir dónde? en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), que está dedicada a la memoria de la poeta uruguaya y su paso por México.

Previo a la apertura se realizó un conversatorio en el que participaron Carlos Landeros, amigo de ella desde los años sesenta; Agustín Fernández, sobrino nieto; los curadores de la muestra, Amanda de la Garza y Antonio Santos; además de la compositora Gabriela Ortiz y el Coordinador de Difusión Cultural de la UNAM, Jorge Volpi, todos ellos moderados por el curador en jefe del Museo, Cuauhtémoc Medina.

Alcira Soust se ocultó casi dos semanas en un baño de Ciudad Universitaria durante la ocupación militar de septiembre de 1968. Volpi dijo que a través de su historia “se podrá observar no sólo el movimiento estudiantil, sino todas las ramificaciones previas y posteriores, que es la vida y la obra de la poeta”, a la que también se le reconoce como personaje literario en dos obras del novelista chileno Roberto Bolaño.

El escritor consideró una coincidencia fantástica el articular esta exposición y estrenar en el mes de octubre la ópera de cámara Luciérnaga, basada también en la figura de Alcira. “Se trata de dos proyectos que giran en torno a una vida vinculada de manera estrecha con nuestro imaginario del 68”.

La ópera que se estrenará en dos meses en la Sala Miguel Covarrubias, cuya autoría es de Gabriela Ortiz con libreto de Silvia Peláez, está escrita para soprano, actor, ensamble y multimedia. Es un monodrama musical a una sola voz sobre la libertad y la resistencia del individuo ante las fuerzas del poder y la represión. El punto de partida para el desarrollo de la ópera son las dos fuerzas vitales que a Alcira Soust “le permiten sobrevivir el encierro: su convicción política y su amor incondicional por la poesía”, apuntó en su intervención la compositora.

A partir de esas dos premisas se explora el viaje dramático que va de lo concreto hasta lo más íntimo y abstracto del interior de la poeta. “De ese mundo metafórico y terrenal, onírico y violento, crítico y poético, bello y doloroso”.

En su turno, Agustín Fernández rememoró: “Cuando la tía Mima volvió a Uruguay yo había cumplido seis años, el paso que tuvo por la casa de mis padres fue constante pero casi a cuentagotas… Mis recuerdos de ella son vagos: charlando con mis padres, tomándose alguna cerveza, ayudando con los deberes a un vecino que tenía problemas de aprendizaje”… Y luego la explicación de su madre: “La tía Mima no está bien porque en México pasó mucho tiempo encerrada en un baño”.

Esos pocos recuerdos de infancia fueron suficientes para que Fernández empezara a averiguar sobre la tía Mima, entonces fue que hizo sus primeros intentos por conocerla más y darse cuenta de que no podía dejar morir su historia. “Hace casi 10 años decidí que esa historia la iba a contar a través de un documental. Siempre tuve claro que la tía abuela había elegido a México como su país adoptivo y a la UNAM como su casa”. En alusión a la exposición dijo que ésta es comparable a cuando ella abonaba sus rosales con pedacitos de poemas. “Un hecho que siembra poesía y activismo”.

El amigo de Alcira, Carlos Landeros, la conoció a mediados de los años sesenta en el taller del maestro Seki Sano. Desde entonces “ya era una flor a punto de deshojarse”. El periodista y ex diplomático se preguntó: ¿Quién es Alcira Soust Scaffo?, ¿poeta y pintora?, ¿activista social o burguesa venida a menos?, ¿una ilusionista y modelo de modas?, ¿o quizás una maga que nos hacía conocer a sus poetas preferidos? Lo cierto es que habrá que destacar que fue “un ser de una generosidad sin límites, que aún ahora a varios años de su partida me sigue sorprendiendo cada vez que descubro una más de sus facetas, de su peculiar personalidad”.

Los curadores de la exposición, Amanda de la Garza y Antonio Santos, se refirieron a la inmensa generosidad de todos los que colaboraron para concretar el proyecto, el cual intenta trascender la leyenda que conocemos sobre la poeta para arrojar luz a los aspectos desconocidos de su vida, pero sobre todo para reconstruir un mundo afectivo, el mudo Alciriano.

Proyecto emblemático éste, y que da cuenta de la forma tan peculiar de cómo entendía su compromiso con la Universidad y con su tiempo.  Cuatro años de escarbar en la historia, en los archivos de las casas de los amigos y sorpresivamente hallar un tesoro. Una aventura que llega a feliz puerto con un conversatorio como previo a una exposición, cápsula del tiempo que remueve muchas cosas y que develará a quien la visite una luciérnaga apagada deseosa de ver la luz del día. 50 años después, Alcira no pierde la esencia de su “militancia poético política con énfasis en la alegría de vivir”.