El valor ético de la obra de Jill Magid está en generar cuestionamientos pertinentes para nuestro tiempo

Viernes, 05 Mayo 2017 18:39

 

 

*La intención central en la obra de Magid es cuestionar a quién le pertenece el legado de un artista destacado y cómo se preserva esa memoria

**Mantener el archivo profesional de Barragán “en secreto” forma parte de un juego que detenta el ejercicio del poder, aseguró Juan Carlos Henríquez, sacerdote jesuita, durante la cuarta mesa de debate Perspectivas éticas y filosóficas organizada por la UNAM como parte de la exposición Jill Magid. “Una carta siempre llega a su destino”. Los Archivos Barragán

***La exposición se exhibirá hasta el 8 de octubre de 2017 en el Museo Universitario Arte Contemporáneo

 

 

La relevancia del proyecto artístico que la artista Jill Magid desarrolló a partir de la obra del arquitecto Luis Barragán es que plantea reflexiones sobre el sentido de la vida, los rituales que utilizamos para preservar la memoria de los muertos y la democratización del acceso a la cultura.

 

Coincidieron en señalar Juan Carlos Henríquez, sacerdote jesuita, director del Centro de Experimentación y Pensamiento Crítico de la Universidad Iberoamericana; Jorge Linares, director de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; Gabriela Méndez Cota, catedrática de 17, Instituto de Estudios Críticos; Elisha Coffman, coordinador del Centro de Estudios Midrash Or HaDaat; y el gestor cultural Jorge Jiménez Rentería, quienes participaron en la cuarta mesa de debate Perspectivas éticas y filosóficas en torno a la exposición Jill Magid "Una carta siempre llega a su destino". Los Archivos Barragán.

 

Juan Carlos Henríquez precisó que no encuentra una contradicción ética en la obra de Magid que pueda dar indicios de profanación de la memoria del arquitecto mexicano, en cambio, aseguró que la artista plantea una reflexión sobre nuestros tránsitos y ritos funerarios.

 

Consideró que reducir el análisis de la obra de Magid al retiro del 25 por ciento de las cenizas de Luis Barragán con las que se elaboró un diamante para elaborar la pieza La propuesta que forma parte de la exposición que se exhibe en el Museo Universitario Arte Contemporáneo, es una distracción, ya que aseguró que es necesario hablar sobre el sentido que tiene nuestra propia vida ante el inminente neofascismo global que amenaza a la civilización.

 

El rabino Elisha Coffman dijo que desde el judaísmo detecta varias faltas en las que Magid incurrió, al realizar La propuesta, ya que esta religión señala que el cuerpo humano es sagrado aún después de la muerte, por lo que las cenizas no debieron haber sido removidas de la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, además explicó que la ley judía también prohíbe que una persona obtenga beneficio a través de ese cuerpo. Calificó como “vergonzoso” el intercambio que Magid le propuso a la directora de la Fundación Barragán, Federica Zanco del anillo por el archivo profesional del Premio Pritzker.

 

No obstante, Coffman reconoció que lo más importante no son las cenizas, ni el diamante, que desde perspectiva religiosa poseen cierta relevancia, ya que el valor de un cadáver radica en que estuvo vivo.

 

"La persona viva impone mayor prioridad en nuestras preocupaciones morales", advirtió.

 

Desde una posición filosófica laica, Jorge Linares comentó que existen distintos rituales para preservar la memoria de los muertos, desde la construcción de monumentos hasta la elaboración de objetos, que se hacen de acuerdo a las capacidades económicas y creencias de las distintas comunidades.

 

Explicó que estos rituales nos hablan de la obsesión de los humanos por la pervivencia porque nos cuesta trabajo aceptar la muerte, y hemos encontrado la manera de mantener viva la memoria de los muertos a través de imágenes. En ese sentido dijo que “el anillo de Barragán es una imagen más del recuerdo de esa persona que para nosotros era valiosa”.

 

A través de la perspectiva bioética, Gabriela Méndez Cota hizo una analogía entre las controversias suscitadas en México por la siembra de maíz transgénico en el marco de la globalización y la exposición de Magid. Ambos sucesos, dijo, han ocasionado conflicto y movilización en la sociedad mexicana al detonar cuestionamientos relacionados con las narrativas de posesión y soberanía. Apuntó que en el caso de Magid, no se trata de una invasión extranjera del patrimonio nacional sino de darle vida a su legado a través de la democratización del acceso al archivo profesional de Barragán.

 

Méndez Cota dijo que la ética no tiene que ver con los códigos morales sino con la obligación de cuestionar. Además advirtió que la artista estadunidense está motivada en su obra por la espiritualidad, mediante la apropiación y el acercamiento que tuvo al archivo personal de Luis Barragán.

 

Sobre la utilidad de la preservación de los archivos y sus códigos de ética, Linares indicó que la principal intención en la obra de Magid es cuestionar a quién le pertenece el legado de un artista destacado, y consideró que el cuidado y difusión de éste “es una responsabilidad ética para cualquier comunidad”.

 

Para Henríquez mantener el archivo profesional de Barragán en secreto forma parte de un juego que detenta el ejercicio del poder y paradójicamente, Gabriela Méndez subrayó que el valor del archivo profesional de Barragán radica, precisamente en que está protegido y fuera del alcance público, de acuerdo a la lógica capitalista.

 

El archivo profesional de Luis Barragán es propiedad de la Fundación Barragán que dirige Federica Zanco en Suiza desde 1996.