Enemigo de clase CUT

Miércoles, 06 Octubre 2010 23:43

 

La violencia escolar, reflejo de la realidad del país,

en Enemigo de clase



*Presentan en el CUT obras del XVIII Festival Nacional de Teatro Universitario
*Foro del CUT, 9, 10, 16 y 17 de octubre


Adaptación de la obra homónima de Nigel Williams, Isaac Ramírez dirige Enemigo de clase, pieza teatral que aborda la problemática de la violencia entre los estudiantes de niveles escolares medios y se presenta el 9, 10, 16 y 17 de octubre en el Foro del CUT.

De acuerdo con el director, la obra participante en la edición XVIII del Festival Nacional de Teatro Universitario en realidad se llama Generación y, antes que una adaptación, es una historia con “inspiración” en la original, situada en el contexto inglés en 1976, pero ubicada en la realidad y con personajes mexicanos.

 

La obra aborda la problemática de violencia que existe en niveles de secundaria y preparatoria, donde suele culparse a los propios estudiantes y etiquetarlos de múltiples maneras.

 

Sin embargo, señaló en entrevista el director, “la problemática viene desde las casas, de la manera en que viven los estudiantes y en cómo está funcionando el sistema educativo mexicano, que obliga a muchos de los alumnos en esas etapas a actuar de maneras destructivas con su alrededor y ellos mismos”

 

En la obra, seis alumnos de nivel escolar medio son encerrados en un salón de clases. Se trata de un grupo al que ya nadie quiere impartir clases porque son “lo peor de lo peor”: rompen vidrios, golpean gente, humillan a los maestros, insultan, destruyen.

 

Tras un largo periodo de encierro, sin visitas ni guías, y en el que permanecen “porque así tiene que ser”, se proponen darse clase entre ellos y compartir lo que cada uno sabe. Así, superan una dinámica de humillación mutua y recurren a un plano de exploración en las motivaciones de su violencia.


“Cerca de la segunda mitad de la obra, los personajes se quiebran y se sinceran. Es desolador. Creo que las personas que se encargan de destruir e insultar están defendiendo una fragilidad muy profunda, un temor a ser lastimados y ser tratados como los tratan en sus casas. La única manera de no mostrar esa vulnerabilidad es siendo totalmente lo contrario”, explicó Ramírez.

 

La intención es proponer una representación del entorno en el que se manejan los jóvenes, donde el lenguaje está saturado con groserías y una singular mirada hacia la sexualidad y el estado de la sociedad, aunque aquello pueda ser agresivo para el público.

 

Para el director, la responsabilidad es compartida: “Es muy fácil etiquetar y decir: ‘este tipo va a llegar a la cárcel, es un desperdicio, para qué ocuparnos de él’. Con la educación deficiente que tenemos y el desinterés de muchos padres en la educación de sus hijos y en las personas que se están convirtiendo, somos parte de lo que nos quejamos: la violencia, las drogas, nuestra realidad actual”.

 

El público completa el sentido

Lo que menos se buscó fue realizar un montaje panfletario. Por ello, diversos aspectos se dejan abiertos. Se presenta la problemática y al final las opiniones del público son distintas: de la identificación a la molestia, de la indiferencia a la necesidad de emprender cambios.

 

Por ejemplo, en la obra original, por la época en que se escribió y su contexto, se refería principalmente al racismo y a los Hooligans en Londres. En ese sentido, la adaptación modificó el texto y estableció referencias al contexto nacional, aunque es el público quien sigue las señales.

 

“El público se encarga de decidir de quién estamos hablando. Dejamos el tema tan abierto que cuando termina la obra la gente nos dice ‘qué cabrones son, yo sí entendí a quién se referían’. No es echar la bolita ni le tirarle a esta persona que se encarga del sindicato de la educación, por ejemplo, sino plantear la problemática; la gente de inmediato identifica cuáles son las personas responsables del problema. Aquí la cuestión es que lo sabemos y no hacemos nada”.

 

Por otra parte, la obra tiene como cualidad que al menos uno de los seis personajes toca de alguna forma a sus espectadores. Para ello, los actores y el director buscaron conectar sus vivencias con las de los personajes: realizar un trabajo honesto escénica y personalmente.

 

“Todos estamos en la misma sintonía de querer decir algo: hablar de algo con lo que no estamos de acuerdo, que queremos cambiar y con lo que estamos molestos. Y hasta cierto punto, lo hemos logrado”.