Ciencias de la complejidad abren la tercera edición del festival El Aleph

Jueves, 23 Mayo 2019 14:17

 

 

* El microbioma y su relación con el funcionamiento del cuerpo humano, así como la inteligencia colectiva, entre los temas abordados durante el primer día el encuentro
 
*  Se inauguró un avance de la muestra La tabla de los elementos, en la que participan 108 artistas, que abrirá en septiembre en Universum
 
 
El descubrimiento y estudio del sistema de microbios que habita en el organismo humano es muy reciente, apenas de este siglo, pero en realidad “hemos evolucionado juntos”, dijo el físico Alejandro Frank, al exponer parte de sus investigaciones ante un atento auditorio reunido en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario.
 
Este estudio es tan importante que podría aportar información acerca de las causas y el tratamiento de padecimientos como el autismo, la diabetes, el glaucoma, la depresión o el cáncer. “Toda una revolución”.
 
En su conferencia magistral No somos un árbol. Somos un bosque, con la abrió la tercera edición de El Aleph. Festival de Arte y Ciencia, el fundador y titular del Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la UNAM, aseguró que, aunque los organismos multicelulares datan de hace mil 500 años y la evolución del ser humano tiene apenas un millón de años, forman una compleja asociación, que se puede entender si se visualiza como un bosque.
 
“La fauna, la flora, las bacterias, etcétera, son parte de un ecosistema. Somos parientes cercanos de toda la vida en la Tierra. Lo que no sabíamos es que dentro de nosotros hay otro ecosistema, compuesto por millones de microbios que no sólo nos habitan, también nos influyen, nos ayudan y, a veces, nos atacan”.
 
Este amplio campo de investigación ha causado, dijo, una explosión de estudios. Sólo en 2018 se publicaron alrededor de cinco mil trabajos sobre el microbioma y sus efectos en distintas patologías.
 
En el C3 se realizan investigaciones al respecto pues, aseguró su titular, el microbioma influye en todo el funcionamiento del cuerpo humano. “Es muy importante en cuanto al sistema inmunológico, que no es exclusivamente humano. Habiendo un ecosistema dentro de nosotros, defiende o ataca igual que un ecosistema externo. Si se afecta uno de esos elementos, necesariamente afecta todo el sistema”.
 
Se trata, dijo, de una revolución en los campos de la medicina, la biología y la filosofía, que vuelve mucho más complejo el concepto de ser humano.
 
Posterior a la conferencia se llevó a cabo la mesa redonda Redes biológicas y algoritmos de la naturaleza, en la que estuvo de nuevo Alejandro Frank junto a los investigadores Maximino Aldana y José Luis Mateos, y que estuvo moderada por el divulgador de la ciencia José Gordon. En ella se habló de las nuevas miradas no reduccionistas que promueven una inteligencia colectiva, es decir, la relación entre distintos profesionales para resolver problemas.
 
Los ponentes coincidieron en que la comunicación generada sobre todo por el internet, ha permitido plantear asuntos que antes se quedaban sólo en ciertos círculos. Admitieron la necesidad de abordarlos desde diversas disciplinas e, incluso, abrirse a las comunidades de una manera coordinada.
 
“Los problemas actuales tienen muchísimas aristas y tenemos que abrirnos a la discusión de sociólogos, biólogos, físicos. Una forma de conjuntar las inteligencias es la creación de un espacio de discusión móvil, flexible, como el C3, porque lo que le sucede a los reduccionistas es que se quedan donde están y el sistema casi le prohíbe hacer algo distinto”, expresó Alejandro Frank.
 
El físico abogó por la colectividad para atacar los conflictos de la Ciudad de México, como la movilidad o la contaminación. “No lo puede solucionar un solo organismo, lo tiene que resolver la inteligencia colectiva, la participación en comunidad”, concluyó.
 
También en el primer El Aleph, se abrió en el vestíbulo de la Sala Miguel Covarrubias la exhibición de 24 piezas de la exposición La tabla de los elementos, que forma parte del proyecto del fotógrafo Rogelio Cuéllar y la diseñadora y editora María Luisa Passarge, con el cual celebran el Año Internacional de la Tabla Periódica de los elementos, creada por el científico ruso Dmitri Mendeléyev en 1869.
 
Serán en total 118 obras de igual número de artistas, cuyas cédulas tendrán, además de información científica, un valor literario, pues las escribirán un grupo de autores coordinado por Carlos Chimal, además de científicos que estrenarán una original forma de divulgación de la ciencia.
 
El proyecto incluye la exhibición de todas las piezas a partir del 19 de septiembre en el Museo Universum, la edición de un libro con el catálogo de la muestra y una serie de retratos de los artistas participantes, hecha por Rogelio Cuéllar.
 
“Carbono. No deja de ser paradójico que un elemento esencial para la vida se convierta en una amenaza; al unirse con el oxígeno produce monóxido y dióxido de carbono, gases que son una pesadilla de las urbes del siglo XXI, como lo fue el carbón para calentar los crudos inviernos durante siglos”, escribe Carlos Chimal en la cédula de la obra de Beatriz Zamora dedicada al elemento con número atómico 6. La pieza de resina acrílica, carburo de silicio y negro de humo, es una de las obras que se muestran en esta avanzada durante El Aleph.
 
“El isótopo más estable del Hasio tiene una vida de diez segundos. Hacer estudios químicos con tan pocos átomos y en tan poco tiempo es, pues, todo un reto tecnológico”, apunta el físico Gerardo Herrera Corral en la cédula de la pieza de Juan San Juan, dedicada al elemento 108.
 
Al pie de la pieza de Maribel Portela, hecha de papel teñido sobre lino y madera, se lee: “Haciendo honor a su fama de excéntrico, hasta hace poco no era más que una curiosidad de laboratorio”. Firma: Carlos Chimal. El elemento es el Kriptón, número atómico 36.
 
Las piezas, de 60 x 60, son interpretaciones de los elementos en diversas técnicas como óleo, acrílico, encaústica, cerámica, carbón, grafito, tinta y plomo, de artistas entre los que figuran Vicente Rojo Cama, Adonay Vázquez, Manolo Cocho y Olga Chorro.